Desfiles que marcaron la historia
Explore la memoria de los desfiles que marcaron la historia, incluidos aquellos que no ganaron el escrutinio oficial.
Perdieron el título, entraron a la historia
La lista de campeonas cuenta una parte de la historia del Carnaval carioca. La otra parte aparece en los desfiles que perdieron en el escrutinio y, aun así, continuaron presentes en las conversaciones de sambistas, hinchas, compositores, investigadores e integrantes de las escuelas. Algunos se quedaron por la fuerza del samba. Otros, por la reacción de la tribuna, por la valentía del argumento (enredo), por una imagen específica, por una solución escénica o por la sensación de que el juzgamiento oficial no agotó la importancia de aquel desfile.
En 1983, Império Serrano volvió a la Avenida tras el campeonato histórico de “Bumbum Paticumbum Prugurundum” con “Mãe Baiana Mãe”. El desfile, desarrollado por Renato Lage a partir de un argumento (enredo) de Fernando Pamplona, rindió homenaje a la baiana como figura central de la escuela de samba, de la cultura popular y de la formación del Carnaval. Imperatriz Leopoldinense y Beija-Flor compartieron el título, mientras que Império terminó en 3.er lugar. La posición, sin embargo, no disminuyó la presencia del samba de Aluízio Machado y Beto Sem Braço en el repertorio carnavalero. “Mãe Baiana Mãe” permaneció como una de las composiciones más recordadas de la década.
En 1984, año de inauguración del Sambódromo, Vila Isabel presentó “Pra Tudo se Acabar na Quarta-Feira”, de Fernando Costa. El argumento (enredo) miraba a quienes trabajan en la construcción del desfile y al final de la fiesta tras el escrutinio. La escuela quedó en 5.º lugar el lunes y no disputó el Supercampeonato, ganado por Mangueira. Aun así, el samba de Martinho da Vila traspasó el resultado oficial. La obra siguió cantándose porque reconoce, con precisión y afecto, el trabajo de escultores, pintores, bordadoras, carpinteros, costureras, diseñadores de vestuario, dibujantes, artesanos, integrantes y demás trabajadores de la escuela.
En 1985, Caprichosos de Pilares llevó a la Avenida “E por Falar em Saudade...”, de Luiz Fernando Reis y Flávio Tavares. El desfile usó humor y crítica social para comentar sobre Brasil al final de la dictadura militar. La escuela terminó en 5.º lugar, pero el samba logró una fuerte adhesión popular y ayudó a consolidar la imagen de Caprichosos como una agrupación capaz de tratar la política con gracia, ironía y comunicación directa con el público.
En 1989, Beija-Flor presentó “Ratos e Urubus, Larguem Minha Fantasia”, de Joãosinho Trinta. El desfile llevó a la Sapucaí una dura crítica al abandono social y quedó marcado por la imagen del Cristo censurado, cubierto por orden judicial. Imperatriz Leopoldinense fue campeona con “Liberdade! Liberdade! Abre as Asas Sobre Nós”, y Beija-Flor quedó en 2.º lugar. Aun sin el título, “Ratos e Urubus” se convirtió en una referencia para debatir la censura, la desigualdad, la osadía estética y los límites entre el juzgamiento técnico y el impacto público.
En 1995, Portela presentó “Gosto que me Enrosco”, de José Félix. El desfile retomó la historia de la festividad carioca, pasando por ranchos, blocos, cordões, sociedades de carnaval y personajes populares vinculados a la formación del Carnaval. La escuela quedó en 2.º lugar, detrás de Imperatriz Leopoldinense. El samba de Noca da Portela, Colombo y Gelson siguió siendo recordado por muchos portelenses y admiradores de la escuela, especialmente por su relación directa con la memoria de la fiesta y con la propia identidad carnavalera de Río de Janeiro.
En 1997, Mocidade Independente de Padre Miguel presentó “De Corpo e Alma na Avenida”, de Renato Lage. La escuela transformó el cuerpo humano en tema de desfile y construyó una presentación marcada por soluciones visuales de gran impacto, entre ellas el carro alegórico del corazón. Viradouro ganó aquel Carnaval, y Mocidade quedó en 2.º lugar. El desfile permaneció entre los más recordados de la escuela por su fuerza plástica, por el samba y por la manera creativa con la que llevó un tema inusual a la Avenida.
En 1998, Viradouro buscó el bicampeonato con “Orfeu, o Negro do Carnaval”, de Joãosinho Trinta. El argumento (enredo) aproximó el mito de Orfeo a la favela, al samba y a la tragedia urbana. La escuela terminó en 4.º lugar, en un año en que hubo empate en el título entre Beija-Flor y Mangueira. La posición estuvo por debajo de las expectativas de parte del público, pero el desfile siguió siendo comentado por su ambición visual, por su fuerza musical y por la lectura carnavalera de una historia ya asociada al teatro, al cine y a la música brasileña.
En 2001, Beija-Flor presentó “A Saga de Agotime, Maria Mineira Naê”, desarrollado por Cid Carvalho, Fran Sérgio, Nelson Ricardo, Shangai y Ubiratan Silva. El argumento (enredo) contó la trayectoria de Nã Agotime, reina africana vinculada a Dahomey, esclavizada y llevada a Brasil, donde su historia se relaciona con la fundación de la Casa das Minas, en Maranhão. La escuela quedó en 2.º lugar, medio punto detrás de Imperatriz Leopoldinense, pero el desfile permanece como uno de los más recordados de la era Sambódromo.
En 2004, Unidos da Tijuca presentó “O Sonho da Criação e a Criação do Sonho: a Arte da Ciência no Tempo do Impossível”, de Paulo Barros. La escuela quedó en 2.º lugar, detrás de Beija-Flor, pero provocó un cambio importante en la manera en que el público comenzó a mirar los carros alegóricos y a los integrantes. El carro alegórico del ADN marcó el desfile porque los cuerpos de los integrantes formaban parte de la escena, creando movimiento, sorpresa e impacto visual ante las tribunas. Unidos da Tijuca perdió el campeonato, pero aquel desfile colocó a Paulo Barros en el centro del debate sobre invención escénica en la Sapucaí.
En 2018, Paraíso do Tuiuti presentó “Meu Deus, Meu Deus, Está Extinta a Escravidão?”, de Jack Vasconcelos. El desfile debatió la abolición, la ausencia de reparación y las formas contemporáneas de explotación laboral en Brasil. La escuela terminó en 2.º lugar, a solo una décima detrás de Beija-Flor. Las alas de los manifestantes manipulados y la figura del presidente vampiro tuvieron gran repercusión pública. Tuiuti, que no solía aparecer entre las favoritas al título, pasó a ocupar el centro de las conversaciones de aquel Carnaval.
En 2020, Grande Rio presentó “Tata Londirá: o Canto do Caboclo no Quilombo de Caxias”, de Leonardo Bora y Gabriel Haddad. El argumento (enredo) rindió homenaje a Joãozinho da Gomeia, babalorixá bahiano vinculado a la historia del candomblé, de la cultura popular y de la Baixada Fluminense. La escuela empató en puntos con Viradouro, pero perdió el título en el criterio de desempate de Evolución. El subcampeonato reforzó la percepción de que Grande Rio había encontrado un lenguaje propio, ligado a la investigación, a la valorización de Caxias y a la presencia de referencias afrobrasileñas en la Avenida.
En 2023, Viradouro presentó “Rosa Maria Egipcíaca”, de Tarcísio Zanon. El desfile contó la trayectoria de Rosa Maria Egipcíaca, mujer negra esclavizada que vivió en el Brasil colonial y es reconocida como la primera mujer negra en escribir un libro en el país. La escuela quedó en 2.º lugar, a solo una décima detrás de Imperatriz Leopoldinense. La presentación fue recordada por su acabado visual, por la fuerza histórica del argumento (enredo) y por la elección de un personaje aún poco conocido por el gran público.
El escrutinio define la campeona de cada año, con notas, criterios y desempates, pero el público continúa evaluando sambas, imágenes, argumentos (enredos), soluciones plásticas, elecciones estéticas y la respuesta de la Avenida. Por eso, muchos carnavales sin título siguen siendo recordados con la misma intensidad que los campeonatos. Ayudan a entender el Carnaval como competencia, creación artística, memoria colectiva y conversación permanente entre escuela, tribuna y ciudad.
Descargar PDF: Perdieron el título, entraron a la historia(9 páginas, 1 MB)

